Publicidade

500 Mejores Libros en Español para Leer.

Artículo señala pautas fundamentales para la lectura

Consejos para la lectura

Connie Langland, Chalkbeat publicado originalmente


“Esta historia fue publicada originalmente por Chalkbeat. Regístrese para recibir sus boletines  en ckbe.at/newsletters 

This article was originally published in The Notebook. In August 2020, The Notebook became Chalkbeat Philadelphia. Comience temprano

Los expertos dicen que nunca es demasiado temprano para empezar a leer con sus hijos.

Según Reading Rockets, una iniciativa nacional de alfabetismo en multimedia, los padres se deben acurrucar con un libro y leerle a sus bebés.

Timothy Shanahan, investigador en el tema de la lectura, también aconseja conversar con los niños. En un blog reciente, escribió "Demasiadas madres y padres se sienten un poco tontos hablándole a un bebé o niño pequeño, pero los estudios han demostrado que exponer al niño a una variedad de palabras ayuda al desarrollo de destrezas para leer y escribir.

También recordó cómo "inundó" el entorno de su nueva nieta con lenguaje.

"Le hablaba de sus ojos, nariz, orejas, boca y dedos. … Le hablé tanto que sus padres pensaban que estaba mal de la cabeza”, escribió Shanahan. "No obstante, leer es una actividad de lenguaje, y para aprender lenguaje, lo mejor es escucharlo primero, y con el tiempo, hablarlo."

Qué necesitan saber los preescolares

Lo que los preescolares ya sepan antes de empezar la escuela se relaciona muchísimo con la facilidad que aprenderán a leer en kinder y en primer grado. Los tres factores que predicen el logro en lectura se pueden aprender a corta edad, dicen los expertos de Reading Rockets. Éstos son:

la habilidad de reconocer y decir las letras del alfabeto;

conocimiento general de lo que es un libro; o sea, dónde empieza y dónde termina, leer de izquierda a derecha, cómo pasar las páginas al leer, y

estar familiarizado con los sonidos (conocidos como fonemas) que crean las palabras habladas.

Los padres a menudo no aprenden cómo enseñar y practicar los fonemas hasta que se descubre que su hijo está teniendo problemas para leer. El ‘oído’ del niño necesita acostumbrarse a esos sonidos específicos – en el caso del idioma inglés hablado, más de 40 de ellos. Shanahan ofreció este ejemplo: la palabra en inglés dog, que tiene tres sonidos fonéticos (do-ah-g).

Algunos consejos:

Las canciones de cuna son una manera de ayudar a los niños a aprender a reconocer la diferencia entre sonidos similares.

Otra manera es pronunciar las palabras lentamente para resaltar los diferentes sonidos:
Cc-a-mm-i-ss-a.

Destrezas clave para aprender palabras

El desarrollo de destrezas de vocabulario es esencial, y el sitio web de Reading Rockets (readingrockets.org) y la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición (ASHA) ofrecen guías para saber a qué edad la mayoría de los niños desarrollan esas destrezas.

Desde una edad temprana, los niños necesitan adquirir destrezas básicas de escuchar, un vocabulario de un varios miles de palabras, y la habilidad de hablar en oraciones completas. Ellos también necesitan adquirir la habilidad de usar el lenguaje para expresarse, para reaccionar a lo que les esté ocurriendo y para entender lo que los demás les estén diciendo.

Según la ASHA, a los 2 y 3 años un niño debe saber la diferencia entre grande y pequeño y entre arriba y abajo, y debe poder seguir direcciones (“Pon el libro sobre la mesa”). A esa edad los niños tienen palabras que usan, pueden hablar o preguntar sobre cosas, y sus cuidadores los entienden.

Al cumplir 3 y 4 años, un niño puede contestar preguntas simples, puede hablar en oraciones de cuatro o más palabras, y puede ser entendido por personas fuera de la familia inmediata.

A los 4 años, los niños disfrutan de rimas y aliteraciones. Por ejemplo, "Mi mamá me mima".

A los 5 años, pueden reconocer qué palabras de una serie riman y cuáles no – por ejemplo: lazo, vaso, pelo.

A los 5 ½, pueden empezar a separar las palabras en sus sonidos (ca-sa). Pueden hacer rimas (¿qué palabra rima con carro?) y pueden aislar el primer sonido de una palabra (rojo – /rrrr/).

Al llegar a los 6, la mayoría de los niños pueden combinar fonemas para formar otras palabras más complicadas (/ra/ /pi/ /do/ = rápido) y manipular los fonemas y sonidos cuando se les pide.

Problemas y señales de advertencia

Los cuidadores necesitan estar pendientes de problemas de vista o audición que puedan impedir el aprendizaje y buscar asesoría del pediatra o clínica pediátrica que atiende al niño. Según la ASHA los trastornos de comunicación afectan a aproximadamente 46 millones de estadounidenses, de los cuales 28 millones experimentan pérdida de audición y 14 millones tienen un problema del habla o de lenguaje. Un niño que tenga hasta un problema de mínimo a moderado de audición puede no captar la mitad de lo que se dice en el salón de clases, dice el grupo.

Los problemas de vista pueden surgir a cualquier edad. Según el Colegio de Optómetras en Desarrollo de la Vista, las cinco señales más comunes de que un problema de la vista podría estar interfiriendo con el logro de un estudiante son:

el estudiante salta líneas o las vuelve a leer;

no entiende bien lo que está leyendo;

le toma más tiempo que lo esperado para terminar su tarea;

confunde letras parecidas al leer (lee la “b” como “d”); o

se distrae rápidamente cuando está leyendo o haciendo la tarea.

Otras señales de alerta en los niños que podrían estar teniendo problemas para leer, publicadas por Reading Rockets, incluyen:

dificultad con palabras que riman;

dificultad para aprender el alfabeto, los números o los días de la semana;

dificultad para seguir instrucciones de varios pasos; o

dificultad para contar o repetir un cuento.

De especial preocupación es el niño que parece no estar esforzándose para hablar. Un pediatra podría recomendar un examen por un audiólogo, que es experto en identificar y tratar trastornos de audición. Otro profesional que se puede consultar sería un patólogo de habla o lenguaje, quien puede identificar y tratar retrasos en el habla y lenguaje.

Inquietud sobre los celulares

En años recientes, un aparato muy moderno y conveniente se ha convertido en un posible obstáculo que impide que los cuidadores se compenetren por completo con sus hijos para desarrollar el lenguaje – el celular. Los padres distraídos por Twitter o videos de YouTube a veces se pueden perder las interacciones que fomentan destrezas de comunicación y palabra.

La sicóloga Catherine Steiner-Adair exploró este asunto en su libro “The Big Disconnect: Protecting Childhood and Family Relationships in the Digital Age.” Los niños de 4 a 18 años informaron sentirse "enojados, tristes y solos" en entrevistas con Steiner-Adair. Es un problema que solo está empezando a explorarse.

Trabajar con la escuela

Reading Rockets también ofrece guía para los padres como defensores de sus hijos de edad escolar. Un padre tiene causa para preocuparse, y necesita actuar, si el niño no está leyendo ya en 1er o 2do grado.

Para asegurar que su hijo esté progresando como debe en su desarrollo de escritura y lectura, los expertos de Reading Rockets ofrecen estos consejos:

Conozca a los maestros y el principal de su hijo y manténgase en comunicación entre los periodos de calificaciones.

Guarde resultados importantes de exámenes y muestras del trabajo de su hijo, así como también cualquier comunicación de la escuela que muestre cómo usualmente se desempeña.

Pida ayuda si sospecha que hay un problema. Empiece con el maestro del niño, pero esté también preparado para hablar con el principal, especialista de lectura o maestro de educación especial.

Leer: Un esfuerzo de equipo

Reading Rockets dice que enseñar a leer es un “esfuerzo de equipo”. Según el website, hay investigaciones que demuestran que "lo que las familias hacen marca una diferencia, lo que los maestros hacen marca una diferencia, y lo que los programas de la comunidad hacen marca una diferencia. … La responsabilidad es de todos nosotros”.

Artículo señala pautas fundamentales para la lectura

Chalkbeat is a nonprofit news site covering educational change in public schools.“Chalkbeat es una organización de noticias sin fines de lucro que cubre la educación pública”

PX






La técnica de lectura "SQ3R"

La técnica de lectura "SQ3R"

Existen varias estrategias de lectura que pueden ayudarlo a superar los desafíos.
para la comprensión lectora. Aquí hay una técnica llamada SQ3R (Survey, Question, Read, Recite, Review):

Investigación: examine rápidamente el material que va a leer durante un
descripción general de adónde vas.

Publicidade

Pregunta: dedique unos minutos a pensar en preguntas que le ayudarán
entender el material.

Leer: ¡ahora leer! Intente leer activamente tomando notas sobre la información, subrayando y dibujando diagramas.

La técnica de lectura "SQ3R"


Recitar: vea si puede explicarse el contenido a sí mismo oa otra persona. Esta
ayuda a solidificar conceptos e identificar áreas en las que necesita trabajar más duro.

Revisión: revise con frecuencia. Esta es una parte integral del aprendizaje y la aplicación de nuevos aprendizajes.

¿Cómo leer un artículo científico?

¿Cómo leer un artículo científico?

El primer paso es un escaneo rápido para obtener una vista panorámica del texto. También puede decidir si necesita realizar otras lecturas panorámicas. Este pasaje debería durar entre cinco y diez minutos y consta de los siguientes pasos:

1. Lea detenidamente el título, el resumen y la introducción.
2. Lea los títulos de las secciones y subsecciones, pero ignore todo lo demás.
3. Lea las conclusiones
4. Eche un vistazo a las referencias y marque mentalmente las que ya ha leído.

Publicidade

Al final de la primera pasada, debería poder responder las cinco C:
1. Categoría: ¿Qué tipo de artículo es este? ¿Un análisis de un sistema existente? ¿Una descripción de un prototipo de investigación?
2. Contexto: ¿Con qué otros roles estás relacionado? Que son ¿Se utilizaron las bases teóricas para analizar el problema?
3. Corrección: ¿parecen válidas las suposiciones?
4. Contribuciones: ¿Cuáles son las principales contribuciones del artículo?
5. Claridad: ¿el artículo está bien escrito?

¿Cómo leer un artículo científico?

Con esta información, puede optar por no leer más de nuevo. Esto puede deberse a que el artículo no le interesa, o no sabe lo suficiente sobre el área para comprender contenido, o que los autores hagan suposiciones inválidas. El primer pasaje es adecuado para artículos que no están en su área, pero algún día puede ser relevante

¿Los libros de autoayuda traen el secreto de la felicidad?

Si busca el secreto de la felicidad, no lea libros de autoayuda

Luis Valero Aguayo, Universidad de Málaga

Los libros de autoayuda están de moda desde hace muchos años y llenan las estanterías de los grandes almacenes, pero últimamente también están de moda las opiniones en contra de ellos. La pregunta clave es: ¿sirven para algo? ¿Ayudan a alguien? ¿O es una forma barata de ahorrase el psicólogo/a?

Siempre han sido una moda desde Las fábulas de Esopo, porque tienen más éxito y son más vendidos que cualquier otro texto sesudo y académico. Como cualquier otra lectura, supone una experiencia verbal con otro, con un autor que nos habla y recomienda qué hacer con nuestros problemas, incluso con nuestra vida.

Más que hablar con un psicólogo, otro profesional, o con algún amigo, leemos estos libros para no compartir nuestras intimidades con otros. Es cierto que estos manuales pueden ayudar a una persona a encontrar alguna solución, el problema es que, en su mayoría, esas “soluciones” son generalidades, sentido común y vaguedades, incluso muchos de esos libros son una estafa, como lo son las expresiones “si quieres, puedes”, “la búsqueda de la felicidad” o “el secreto de la vida”.

Los libros de autoayuda llevan de moda muchos años y quizás ahora pueda ser también una moda criticarlos porque hemos visto que no sirven para nada. Esta moda se enmarca en la corriente científica de la Psicología y de otras ciencias de la salud que tiende a denunciar las pseudoterapias.

Casi cualquier persona con una mínima cultura podría escribir un libro rescatando frases e ideas de unos y de otros, incluyendo los nombres de muchos filósofos o frases zen, y vivir de ello si el libro tiene éxito en las estanterías. Es mucho más complejo escribir un libro basándose en los tratamientos empíricamente validados, en los estudios científicos publicados y en lo que está comprobado que funciona.

Eso no implica que los psicólogos no utilicen la llamada “biblioterapia”, que no es sino utilizar textos escritos como una ayuda a la terapia regular. Ciertos libros (incluyendo novelas, biografías, filosofía o divulgación de terapias) pueden servir de ayuda al profesional en su labor, de forma que acentúen o sirvan de apoyo a lo trabajado durante las sesiones terapéuticas. Desgraciadamente, esas publicaciones de divulgación psicológica son escasas.

Un lenguaje singular

El tipo de lenguaje que utiliza la autoayuda es característico. No suelen ser estos libros un ensayo sobre la vida o la felicidad, sino que recomiendan prácticas sobre cómo conseguir cosas: tener amigos, dormir bien, librarse del estrés, aumentar la autoestima, ligar más, ser mejor persona, o ser feliz.

En realidad, son libros de instrucciones, pero sin dar instrucciones. Se valen de frases lapidarias atribuidas a grandes personajes que en su mayoría son fake pero, sobre todo, utilizan historias cortas, a manera de cuentos con moraleja, que son fáciles de leer y que en el momento nos suben la moral. Son más fáciles de aceptar y de seguir.

Lo importante es que para que se mantengan tienen que conseguir algo en el mundo real. Estas publicaciones pueden ser un arranque, pero sus efectos duran mientras se lee el libro, porque no suelen tener consecuencias en nuestra vida diaria.

Por otro lado, estos libros utilizan un lenguaje directo hacia el lector, dirigiéndose a él con frases como “tu puedes conseguirlo”, “tu paz interior está en tu mano”, “si quieres, puedes”. Es el tipo de lenguaje menos eficaz para lograr un cambio, pero es muy motivacional de inmediato, por lo que engancha al lector, como si el libro hubiese sido escrito solo para él.

Esta aparente individualización engancha más que un texto neutro, y más si se añaden pequeñas historias de otros que leyeron el libro y “triunfaron en su vida”, “consiguieron sus metas” o “alcanzaron sus sueños”.

El consumo de la felicidad

Gran parte de la crítica a los libros de autoayuda se basa en que promueven una realidad ficticia que no tiene una base científica, sino cultural, donde la máxima es “buscar la felicidad” o “eliminar la ansiedad”, y quien no lo consigue termina aún más frustrado que antes de leerlos.

En este sentido, pueden ser iatrogénicos –el remedio es peor que la enfermedad–, producen entusiasmo y motivación mientras se están leyendo, pero una semana después de leer la última página, se ha olvidado todo.

La crítica a estas publicaciones, y también a cierta concepción psicológica sobre esa felicidad que predican, parte de la realidad de las personas que se chocan contra un muro una y otra vez, intentando ser felices como dicen los manuales.

En realidad, se han convertido en otro bien de consumo, al igual que unas zapatillas nuevas o un nuevo modelo de móvil. Nos resuelven un problema inmediato al rellenar esa insatisfacción constante con nuestra vida, pero en cuanto los hemos usado ya no nos parecen tan atractivos e imprescindibles.

Además, leer cuesta, no es una actividad tan pasiva como ver series, y cuando hemos leído unas cuantas páginas, vamos a saltos buscando la información rápida que nos dé la receta inmediata para sentirnos mejor.

Pero sí, sirven para algo: para rellenar esa insatisfacción personal, o para intentar ser como los demás que se ven tan felices en las fotos de Instagram. Y sí, también servirán para alguien, no cabe duda que alguien cambiará tras leer un libro de autoayuda.

Pues sí, también son una forma barata de ahorrarse el psicólogo/a, pero realmente no resuelven ningún problema, no hay datos empíricos que muestren su eficacia.

¿Los libros de autoayuda traen el secreto de la felicidad?

Luis Valero Aguayo, Catedrático del Depto. Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico, Universidad de Málaga

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

PThe Conversationx

Px

La transformación de las razas en América Autor: Agustín Álvarez

 La transformación de las razas en América  Autor: Agustín Álvarez



"LA CULTURA ARGENTINA"

AGUSTÍN ÁLVAREZ
———

La Transformación
de las
Razas en América
———

Con una introducción de

ARTURO E. DE LA MOTA

ADMINISTRACIÓN GENERAL:
CASA VACCARO, Av. de Mayo 638—Buenos Airas
1918

ÍNDICE
Agustín Álvarez
Advertencia de la presente edición
Introducción
La evolución del espíritu humano
La madre de los borregos
El mensaje de la esfinge
La palabra de dios
El criador y sus criaturas
El alfarero y los cantaros
La fe y la razon
El pasado y el presente
La escuela religiosa
La revelación y la evolución
Las últimas auroras
El pasado y el futuro
Dios medioeval y dios moderno
La sociedad presente y la futura
El porvenir
Las ideas capitales de la civilización en el momento que pasa
La vida y el bienestar
La vida y la salud (el costo de las velas)
La religión y la ciencia
Instituciones libres
Instituciones libres
Evolución intelectual de las sociedades
Sumario:
La barbarie.
—Cómo se realiza el progreso.
—Las civilizaciones antiguas.
—Las civilizaciones medioevales.
—La civilización moderna.
—Evolución de la moral.
El diablo en América
El diablo en América

La transformación de las razas en América  Autor: Agustín Álvarez


La Navidad en las Montanas Autor: Ignacio Manuel Altamirano

 La Navidad en las Montanas  Autor: Ignacio Manuel Altamirano


[Illustration: IGNACIO M. ALTAMIRANO]

LA NAVIDAD EN LAS MONTAÑAS
A SPANISH AMERICAN STORY
BY
IGNACIO MANUEL ALTAMIRANO
WITH INTRODUCTION, NOTES, AND VOCABULARY
BY
EDITH A. HILL
UNIVERSITY OF REDLANDS
AND
MARY JOY LOMBARD
HIGH SCHOOL, REDLANDS, CAL.
1917

PREFACE
As the author himself says in his Dedicatoria, a picture of Mexican life is here offered, not as seen in large cities, which are much the same all the world over, but in remote rural districts, "en las montañas." The tale is idyllic, but in spite of its romantic spirit it presents a vivid picture of rural life in Mexico.

The text of this story is taken from the Fifth Edition, in the
Biblioteca de la Europa y América, Paris, 1891.
E.A.H.
M.J.L.
INTRODUCTION
The following is quoted from Modern Mexican Authors, by Frederick
Starr.[1]
"No one who knows not the Mexican Indian village can appreciate the heroism of the man, who, born of Indian parents, in such surroundings attains to eminence in the nation. It is true that the Aztec mind is keen, quick, receptive; true that the poorest Indian of that tribe delights in things of beauty; true that the proverb and pithy saying in their language show a philosophic perception. But after all this is admitted, the horizon of the Indian village is narrow; there are few motives to inspiration; life is hard and monotonous. It must indeed be a divine spark that drives an Aztec village boy to rise above his surroundings, to gain wide outlook, to achieve notable things.

"Ignacio M. Altamirano, a pure Aztec Indian, was born at Tixtla, State of Guerrero, December 12, 1834. The first fourteen years of his life were the same as those of every Indian boy in Mexico; he learned the Christian Doctrine and helped his parents in the field. Entering the village school, he excelled, and was sent at public expense in 1849 to Toluca to study at the Instituto Literario. From that time on his life was mainly literary,—devoted to learning, to instructing, and to writing. From Toluca he went to the city of Mexico, where he entered the Colegio de San Juan Letran. In 1854 he participated in the Revolution. From that date his political writings were important. Ever a Liberal of the Liberals, he figured in the stirring events of the War of the Reform, and in 1861 was in Congress. When aroused he was a speaker of power; his address against the Law of Amnesty was terrific. Partner with Juarez in the difficulties under Maximilian, he was also partner in the glory of the re-established Republic. From then, as journalist, teacher, encourager of public education, and man of letters, his life passed usefully until 1889, when he was sent as Consul-General of the Republic to Spain. His health failing there, he was transferred to the corresponding appointment at Paris. He died February 13, 1893, at San Remo. His illness was chiefly nostalgia, longing for that Mexico he loved so much and served so well.

"Altamirano was honored and loved by men of letters of both political parties. His honesty, independence, strength, and marvelous gentleness bound his friends firmly to him. He loved the young, and ever encouraged those rising authors who form to-day the literary body of Mexico. He ever urged the development of a national, a characteristic literature, and pleaded for the utilization of national material."

[Footnote 1: Published by The Open Court Publishing Co.,
Chicago, 1904.]
DEDICATORIA A FRANCISCO SOSA
A Vd., mi querido amigo, a Vd. que hace justamente veinte años, en este mes de Diciembre, casi me secuestró, por espacio de tres días, a fin de que escribiera esta novela, se la dediqué, cuando se publicó por primera vez en México.

Recuerdo bien que deseando Vd. que saliese algo mío en "El Álbum" de Navidad que se imprimía, merced a los esfuerzos de Vd., en el folletín de "La Iberia" periódico que dirigía nuestro inolvidable amigo Anselmo de la Portilla, me invitó para que escribiera un cuadro de costumbres mexicanas; prometí hacerlo, y fuerte con semejante promesa, se instaló Vd. en mi estudio, y conociendo por tradición mi decantada pereza, no me dejó descansar, alejó a las visitas que pudieran haberme interrumpido; tomaba las hojas originales a medida que yo las escribía, para enviarlas a la Imprenta, y no me dejó respirar hasta que la novela se concluyó.

Esto poco más o menos decía yo a Vd. en mi dedicatoria que no tengo a la mano, y que Vd. mismo no ha podido conseguir, cuando se la he pedido últimamente para reproducirla.

He tenido, pues, que escribirla de nuevo para la quinta edición que va a hacerse en París y para la sexta que se publicará en francés.

Reciba Vd. con afecto este pequeño libro, puesto que a Vd. debo el haberlo escrito.

IGNACIO M. ALTAMIRANO
PARÍS, Diciembre 26 de 1890

La Navidad en las Montanas  Autor: Ignacio Manuel Altamirano


Pedro B. Palacios Commentator: Alfredo L. Palacios

 Pedro B. Palacios  Commentator: Alfredo L. Palacios



NOTAS DEL TRANSCRIPTOR

La portada de libro fue modificada por el Transcriptor y ha sido depositada en el dominio público.

El Índice fue movido del final de la obra al principio.

El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes al momento de la publicación de la obra, en 1918. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.

Las reglas de la Real Academia Española establecen que el acento ortográfico en las mayúsculas debe colocarse si es que un vocablo lleva tilde. Sin embargo, por una cuestión pragmática, en las imprentas ese criterio normalmente no era respetado. En la presente transcripción se decidió adecuar la ortografía de las mayúsculas acentuadas a las reglas establecidas por la RAE.

Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.

NUEVAS POESÍAS Y EVANGÉLICAS

ALMAFUERTE

NUEVAS POESÍAS
Y EVANGÉLICAS
CON UN ESTUDIO DEL
Dr. ALFREDO PALACIOS


EDITOR
CLAUDIO GARCÍA
SARANDÍ, 441
1918

ÍNDICE

Pág.
Al lector 6
Almafuerte por el Dr. Alfredo Palacios 7
Evangélicas 43
¡Vade Retro! 72
La Sombra de la Patria 73
Evangélicas 83
Trémolo 92
Fúnebre 98
Serenata 99
El borrón 101
Evangélicas 104
Al compás del corazón 105
Almafuerterianas 106
Entre esposos 107
De rodilla 108
¿Flores a mí? 110
Vigilias amargas 112
La Inmortal 117
Postal 150
Mi Juventud 151
Mi Fe 152
A la libertad 154
Sólo Dios 156
Nocturno canto de amor 158
Máter Dolorosa 159
Epilatamio 164

AL LECTOR:

El éxito clamoroso obtenido en la primera edición de esta obra—agotada rápidamente,—las conferencias y polémicas entabladas alrededor de la personalidad de Almafuerte y la demanda continua que de todos sitios recibo de sus «Poesías»; me han decidido a completar la publicación de ellas, revisando pacientemente las revistas en que se publicaron, habiendo conseguido reunir original para un nuevo volumen que, juntamente con el anterior aparecido y reeditado, forman la colección completa de las poesías y evangélicas de Almafuerte, más querido y admirado cuanto más se difunden sus producciones, consiguiendo así el homenaje popular que me propuse fomentar en la primera edición.

A este nuevo volumen le sirve de prólogo la conferencia dada por el Dr. Alfredo L. Palacios el que a través de su hermoso talento, nos presenta al poeta bajo una faz simpática de apóstol optimista, la más interesante quizá, de su modalidad.

EL EDITOR.


ALMAFUERTE

Pedro B. Palacios  Commentator: Alfredo L. Palacios


El tratado de la pintura Autor: Leonardo de Vinci Leon Bautista Alberti

 El tratado de la pintura  Autor: Leonardo de  Vinci  Leon Bautista Alberti



Nota de transcripción

Índice

Erratas

Cubierta del libro
Estampa del frontispicio
I. Barcelon lo grabó.Jph Castillo lo imb.to

EL TRATADO
DE LA PINTURA
POR
LEONARDO DE VINCI,
Y LOS TRES LIBROS
QUE SOBRE EL MISMO ARTE
ESCRIBIÓ
LEON BAUTISTA ALBERTI:
TRADUCIDOS É ILUSTRADOS CON ALGUNAS NOTAS

POR DON DIEGO ANTONIO REJON DE SILVA,

CABALLERO MAESTRANTE DE LA REAL DE GRANADA,
Y ACADÉMICO DE HONOR DE LA REAL ACADEMIA
DE SAN FERNANDO.

Ilustración de adorno
CON SUPERIOR PERMISO.

EN MADRID, EN LA IMPRENTA REAL.

MDCCLXXXIV.

AL SERENÍSIMO SEÑOR

D. GABRIEL DE BORBON,

INFANTE DE ESPAÑA &c., &c.

SEÑOR.

Deuda de mi obligacion era siempre, por lograr el honor de ser indivíduo de un cuerpo de quien es V. A. dignísimo Xefe, poner á S. R. P. qualquiera produccion de mi limitado ingenio; pero tratando ésta obra de un arte en que con no poca admiracion de los inteligentes ha adquirido el sublime talento de V. A., y su extraordinaria aplicacion tanta inteligencia y adelantamiento; es absolutamente preciso que busque éste libro su patrocinio en la benignidad de V. A.

Su amor á las bellas artes, su proteccion, y su superior discernimiento me aseguran que no será desagradable á V. A. el Tratado mas científico de la Pintura que veneran los profesores, digna produccion del célebre Leonardo de Vinci, y al mismo tiempo me hacen esperar que premie V. A. mi aficion disimulando los errores de mi inadvertencia.

SERENÍSIMO SEÑOR.

A L. R. P. de V. A.

Su mas rendido súbdito

Diego Antonio Rejon de Silva.

PROLOGO DEL TRADUCTOR.

En todas las artes hay profesores que se contentan con ser meros prácticos, sin mas estudio que lo que comunmente ven hacer á los demas, ni mas reglas que las que les subministra su imaginacion; pero tambien hay otros que uniendo la práctica al estudio y aplicacion, emplean su entendimiento en buscar y aprender los preceptos sublimes que dieron los hombres eminentes de su profesion, y reflexîonar profundamente sobre ellos y sobre las máxîmas que establecieron; y de éste modo executa su mano las producciones de sus fatigas y desvelos con honor y aprovechamiento del artífice, y con universal satisfaccion y aplauso. Tal vez la Pintura será el arte que mas abunde de la una de estas dos especies, aunque no sé con qué razon se llamarán los de la primera profesores de Pintura, sino corruptores de ella. No se dirige á estos mi discurso, ni hallo en mí suficiente caudal de voces, ni tienen bastante fuerza mis argumentos y expresiones para pretender persuadirlos el grosero error que los alucina: solo hablo con los aplicados y estudiosos, con aquellos que se hacen cargo del número de ciencias que han de acompañar al arte sublime que profesan: en fin, con los Pintores Filósofos, cuyo anhelo es llegar al último grado de perfeccion en la Pintura.

Para cooperar en quanto me es posible al aprovechamiento y utilidad de estos he traducido el Tratado de la Pintura del famoso Leonardo de Vinci, y los tres libros de Leon Bautista Alberti, que tratan del mismo arte. Instruido ya un jóven con fundamento en el dibuxo, y habiendo adquirido alguna práctica en el manejo de los colores, que es la materialidad del arte; se hace preciso que empiece á estudiar y reflexîonar sobre aquellos primores que caracterizan de divina á la Pintura, dedicándose enteramente al exâmen de la naturaleza para notar y admirar la estupenda variedad de todos los seres que la componen y constituyen su mayor belleza, observando los diversos efectos de la luz, y de la interposicion del ayre en todos los obgetos corpóreos, sacando de todo fecundidad, abundancia y amenidad para la composicion de sus obras, é imbuyéndose finalmente de las ideas sublimes de que debe estar adornado el que intente sobresalir en ésta profesion.

Los auxîlios que necesite para todo esto, juntamente con no pocos preceptos de inestimable precio, los encontrará en éste Tratado, en donde verá teóricamente; y luego podrá comprobar con la experiencia las mutaciones que causa en los cuerpos lo mas ó menos grueso del ayre que los circunda, y se interpone entre ellos y la vista, ó la mayor ó menor distancia. En él leerá ciertas y científicas reglas para la composicion, viendo el modo de enriquecer una historia con la variedad oportuna de obgetos y figuras que debe tener, sin confundir la accion principal; el contraste de la actitud de todas ellas; el decoro con que han de estar, segun los personages que representan ó la accion en que se suponen; el arreglo de sus movimientos, y la armoniosa contraposicion de tintas, claros y obscuros que ha de reynar en el quadro, para que de todo resulte aquella hermosura que embelesa los sentidos del que lo mira. A cada paso hallará el documento de la contínua observacion del natural, en lo qual insiste siempre Vinci con todo conato, amonestando al Pintor á que todo lo estudie por él, para que sus obras sean hijas legítimas de la naturaleza, y no se acostumbre nunca á pintar amanerado. Finalmente todo lo que compone la parte sublime de la Pintura lo hallará el aplicado en ésta obra que con razon la miran los inteligentes como excelente y utilísima; pero antes de empezar á estudiar en ella será bien que se haga cargo de las advertencias siguientes.

Vivió Leonardo de Vinci al fin del siglo XV, y al principio del XVI; y casi en el último tercio de su vida escribió el presente Tratado de la Pintura, que igualmente que otras varias obras suyas, quedó manuscrito, y sin aquella coordinacion y perfeccion que requeria. La costumbre que tomó de escribir á lo oriental, esto es, de derecha á izquierda como los Hebreos y Arabes (segun se lee en su vida) es preciso que causase mucha dificultad para sacar la primera copia, y por consiguiente padecerian, asi ésta, como las demas que despues se hicieron, varias alteraciones considerables, que serían casi imposibles de enmendar quando se hizo la edicion en Francia año 1651, que es la que se ha tenido presente para hacer ésta traduccion. Asi lo dice el editor, advirtiendo que habia tenido presentes dos copias, una de Mr. Ciantelou, á quien se la habia regalado en Italia el Caballero del Pozzo, y otra que poseía Mr. Tevenot, que aunque mas correcta que aquella, estaba sin embargo llena de errores, en especial en donde hay explicacion geométrica. En ésta parte dice que le parece haber restituido el texto original á su verdadera pureza á fuerza de trabajo; pero en las demas no es extraño que haya quedado tan confuso, como verá el Lector en varios pasages. Esto, junto con el extraordinario y antiquado estilo del autor, ha causado no pequeña confusion al tiempo de traducir la obra, habiendo sido preciso estudiar con sumo cuidado las palabras, y consultar con algunos profesores para descifrar el sentido, el qual en ciertos parages se ha quedado, á pesar de tanta diligencia, en su misma obscuridad; porque en ellos fue sin duda en donde se cometieron los indispensables errores de las copias, ó tal vez salieron informes de la mano de su autor, que no los volvió á ver para corregirlos ó aclararlos. En atencion á esto, y al mayor aprovechamiento y mas facil inteligencia de todos, se ha usado de alguna libertad en la traduccion para que esté el estilo mas corriente, lo que hubiera sido sumamente dificil ó tal vez imposible, si se hubiera ido rigurosamente ceñido á la inflexîon que el autor da á sus frases, y entonces quedaba la version con la misma obscuridad que el original. Para dar tambien mayor claridad al texto, y escusar todo trabajo á los lectores se han puesto varias notas que sirven en algunas partes de comentario á la obra, las quales se ponen al fin del Tratado por no afear las planas, y los números Arabes que van entre paréntesis al fin de algunas secciones advierten á dónde se ha de acudir para ver la correspondiente nota. Algunas otras que son breves se reclaman tambien con números Arabes, pero sin paréntesis, y van colocadas al fin de la plana; porque es preciso que estén á la vista para la mayor inteligencia.

Parece que Leonardo de Vinci se preciaba de muy inteligente en la Anatomía, aun mucho mas de lo que necesita y corresponde á un Pintor. Prueba de esto son algunas secciones del presente Tratado en las que explica varias partes asi externas, como internas de la estructura humana; pero como en aquel tiempo estaba muy en mantillas (por decirlo asi) la ciencia Anatómica respecto de los adelantamientos con que hoy dia se cultiva, se hallan los tales pasages sumamente defectuosos y errados, cotejados con las observaciones modernas. Tal vez en ellos se habrán cometido tambien algunas faltas al copiarlos, y esto aumenta mas su error. Para no dexar, pues, defraudada la obra de un ramo de erudicion, que aunque en algunos casos (como ya se ha insinuado) no es absolutamente precisa para el Pintor, con todo no dexa de ser muy útil y amena; se ha procurado poner en donde le corresponde una nota algo dilatada que explica la materia, aunque no con toda la extension que se requiere, con arreglo á los mejores Tratados Anatómicos y observaciones modernas. A éste trabajo ha ayudado el Licenciado Don Felipe Lopez Somoza, Maestro Disecador de los Reales Hospitales; pero si alguno deseare instruirse mas fundamentalmente, puede acudir al Tratado Anatómico de Sabatier, edicion de París año 1775, ó á la Anatomía histórica y práctica de Lieutaud con notas de Portal, impresa en la misma Ciudad año 1776, que es de donde se ha sacado toda la doctrina para la mejor explicacion. A algunos parecerá superfluo éste trabajo; pero bien mirado, sería muy extraño que se publicasen á vista de la Real Academia de San Fernando unos pasages relativos á la ciencia que tiene tanta conexîon con el dibuxo, qual es la Anatomía, y en ellos advirtiesen los inteligentes tantos errores que se dexaban correr libremente y sin reparo alguno. Ni tampoco era decoroso á la nacion que la falta de correccion de ellos denotase ignorancia en un asunto tan importante.

En la citada edicion de París se tuvieron presentes varios apuntamientos de figuras que hizo el célebre Poussin y tenia el M. S. de Ciantelou, arregladas á las instrucciones que da Vinci en éste Tratado, y por ellos dibuxó Errard las que se hallan grabadas al pie del capítulo ó seccion que las corresponde, aumentando algunas con ropas que tomó del antiguo. En la presente traduccion se han suprimido algunas que no eran necesarias, y las demas las ha dibuxado D. Joseph Castillo, profesor de Pintura en ésta Corte (igualmente que la estampa del frontispicio, y los dos retratos), y aunque la actitud es la misma; por evitar la nota que ponen á las de Errard los inteligentes, se las ha dado una proporcion mas gallarda y esbelta, como conviene á unas figuras de Academia. En donde ha parecido preciso se ha consultado el natural para que salga todo con la posible perfeccion.

En lo demas, qualquier defecto que se halle en la traduccion no será por falta de cuidado y diligencia; en cuya suposicion espero lo mire con benignidad quien lo notase, lo qual me basta por suficiente recompensa de las tareas que he emprendido en beneficio de las bellas artes.

Las figuras de lineas van numeradas por su órden con números Romanos; y las humanas, aunque llevan igualmente los suyos tambien Romanos, para mayor claridad se citan de éste modo: Lámina I, II, etc.

Explicacion de la estampa del frontispicio.

Minerva, madre de las artes y ciencias, está al lado de un niño dedicado á la Pintura; y mostrándole con la una mano un libro, y señalando con la otra al campo, le enseña que la instruccion de los escritos científicos, y la imitacion de la naturaleza en sus producciones le conducirán á la deseada perfeccion. Al otro lado se ve un Genio ó mancebo con varios instrumentos Matemáticos, denotando la necesidad que tiene la Pintura de la Geometría, Perspectiva &c.

La Viñeta.

Apoyada la Pintura, simbolizada en la paleta, sobre la lectura y estudio, llega indubitablemente á tener el lucimiento y alabanza merecida, que denotan los rayos de luz, y el ramo de laurel.

ÍNDICE.
La suma brevedad de las secciones en que está dividido el Tratado de la Pintura de Vinci escusa el poner índice de ellas, pues con la misma facilidad se puede hallar lo que se busca en el discurso de la obra.

Vida de Leonardo de Vinci. Pag. I.
El Tratado de la Pintura de Leonardo de Vinci. 3.
Notas al Tratado de Vinci. 170.
Vida de Leon Bautista Alberti. 183.
Notas á la vida de Alberti. 195.
Libro primero de la Pintura. 197.
Libro segundo. 220.
Libro tercero. 251.
Notas. 263.

El tratado de la pintura  Autor: Leonardo de  Vinci  Leon Bautista Alberti


Libro: Su único hijo Autor: Leopoldo Alas

 Su único hijo  Autor: Leopoldo Alas



Su único hijo
Por
Leopoldo Alas, «Clarín»
Librería de Fernando Fé, Madrid
1890
Capítulos:
-I-, -II-, -III-, -IV-, -V-, -VI-, -VII-, -VIII-, -IX-, -X-, -XI-, -XII-, -XIII-, -XIV-, -XV-, -XVI-

Fragmento

-I-
Emma Valcárcel fue una hija única mimada. A los quince años se enamoró del escribiente de su padre, abogado. El escribiente, llamado Bonifacio Reyes, pertenecía a una honrada familia, distinguida un siglo atrás, pero, hacía dos o tres generaciones, pobre y desgraciada. Bonifacio era un hombre pacífico, suave, moroso, muy sentimental, muy tierno de corazón, maniático de la música y de las historias maravillosas, buen parroquiano del gabinete de lectura de alquiler que había en el pueblo. Era guapo a lo romántico, de estatura regular, rostro ovalado pálido, de hermosa cabellera castaña, fina y con bucles, pie pequeño, buena pierna, esbelto, delgado, y vestía bien, sin afectación, su ropa humilde, no del todo mal cortada. No servía para ninguna clase de trabajo serio y constante; tenía preciosa letra, muy delicada en los perfiles, pero tardaba mucho en llenar una hoja de papel, y su ortografía era extremadamente caprichosa y fantástica; es decir, no era ortografía. Escribía con mayúscula las palabras a que él daba mucha importancia, como eran: amor, caridad, dulzura, perdón, época, otoño, erudito, suave, música, novia, apetito y otras varias. El mismo día en que al padre de Emma, don Diego Valcárcel, de noble linaje y abogado famoso, se le ocurrió despedir al pobre Reyes, porque «en suma no sabía escribir y le ponía en ridículo ante el Juzgado y la Audiencia», se le ocurrió a la niña escapar de casa con su novio. En vano Bonifacio, que se había dejado querer, no quiso dejarse robar; Emma le arrastró a la fuerza, a la fuerza del amor, y la Guardia civil, que empezaba a ser benemérita, sorprendió a los fugitivos en su primera etapa. Emma fue encerrada en un convento y el escribiente desapareció del pueblo, que era una melancólica y aburrida capital de tercer orden, sin que se supiera de él en mucho tiempo. Emma estuvo en su cárcel religiosa algunos años, y volvió al mundo, como si nada hubiera pasado, a la muerte de su padre; rica, arrogante, en poder de un curador, su tío, que era como un mayordomo. Segura ella de su pureza material, todo el empeño de su orgullo era mostrarse inmaculada y obligar a tener fe en su inocencia al mundo entero. Quería casarse o morir; casarse para demostrar la pureza de su honor. Pero los pretendientes aceptables no parecían. La de Valcárcel seguía enamorada, con la imaginación, de su escribiente de los quince años; pero no procuró averiguar su paradero, ni aunque hubiese venido le hubiera entregado su mano, porque esto sería dar la razón a la maledicencia. Quería antes otro marido.

...

Su único hijo  Autor: Leopoldo Alas


El Señor y los demás son Cuentos Autor: Leopoldo Alas

 El Señor y los demás son Cuentos  Autor: Leopoldo Alas



NOTAS DEL TRANSCRIPTOR

Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano cuando esta obra fue publicada por primera vez, en 1919, eran diferentes a las existentes cuando se realizó la transcripción.

Por ejemplo vió, fué, dió en esa época llevaban acento ortográfico, mientras que vocablos que actualmente llevan acento ortográfico, como "reír" y "oír", cuando la obra fue publicada no llevaban acento ortográfico.

El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes en ese entonces. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.

Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.

La cubierta del libro en la versión HTML fue creada por el Transcriptor y ha sido puesta en el dominio público.

El Índice de capítulos ha sido trasladado al principio de la obra a continuación del prólogo.

COLECCIÓN UNIVERSAL

Leopoldo Alas (Clarín)

EL SEÑOR Y LO DEMÁS SON CUENTOS

MCMXIX

ES PROPIEDAD
Copyright by Leopoldo Alas
Argüelles. 1919.

Papel fabricado especialmente por LA PAPELERA ESPAÑOLA.


COLECCIÓN UNIVERSAL

El Señor
y lo demás son cuentos
LEOPOLDO ALAS
(CLARÍN)

tpageilo
MADRID-BARCELONA
MCMXIX


«Tipográfica Renovación» (C. A.), Larra, 8.—MADRID


Uno de los nombres más admirados—y temidos—de nuestra literatura contemporánea ha sido el de Leopoldo Alas, que hizo famoso el seudónimo de Clarín. Fué profesor de Derecho, escribió tratados de Filosofía del Derecho, artículos de crítica, cuentos, novelas, y en todo cuanto hizo, en sus escritos, en sus clases, en sus conversaciones, dejó la huella de un alto espíritu de sinceridad moral, de un ingenio agudísimo, de una honda sensibilidad, de un dominio absoluto del arte literario.

Nació en 1852 en Zamora, siendo su padre gobernador civil de aquella provincia. La familia, asturiana de origen, regresó pronto a la tierra cantábrica, cuando Clarín contaba aún pocos meses de edad. En Asturias se crió Clarín; allí estudió y terminó la carrera de Derecho. Aficionado a la literatura desde niño, pasó a Madrid a estudiar Filosofía y Letras, por los años del reinado de D. Amadeo. En la corte, no sólo se entregó a sus estudios, sino que se dedicó también al cultivo de la crítica en los periódicos satíricos más conocidos entonces. Comenzó a firmar sus trabajos con el seudónimo de Clarín en El Solfeo.

En 1881 obtuvo, por oposición, la cátedra de Economía política de la Universidad de Zaragoza. Poco tiempo después consiguió trasladarse a Oviedo, ciudad en que vivió hasta su muerte. Explicó Derecho romano y Derecho natural. Desde la capital asturiana prosiguió su labor crítica y literaria, escribiendo los maravillosos cuentos que reedita ahora la "Colección Universal"; sus novelas La regenta, Su único hijo, los artículos de crítica, en fin, amontonando esa tan copiosa como valiosa producción, cuyos caracteres, originales y profundos, aguardan aún un estudio detenido que determine la aportación de Clarín al patrimonio de nuestra cultura.

Fué su personalidad complejísima. No cabe analizarla en esta breve reseña. Crítico severo, implacable, derribó muchas reputaciones ficticias y alentó juveniles méritos. Cuentista incomparable, supo apresar en la brevedad de unas páginas la emoción tierna o fuerte. Novelista, ha dejado en La Regenta una de nuestras mejores obras modernas. Por último fué maestro, un maestro tan sugestivo como apasionado, que derramaba en los espíritus jóvenes, con la sal de su ingenio, la fecunda lluvia de su ciencia y la ternura de su corazón. Los que han tenido la fortuna de ser discípulos de Clarín guardan de él un recuerdo imborrable.

ÍNDICE

  PÁG.
El Señor 7
¡Adiós, Cordera! 34
Cambio de luz 49
El Centauro 70
Rivales 77
Protesto 96
La yernocracia 108
Un viejo verde 116
Cuento futuro 127
Un Jornalero 165
Benedictino 178
La Ronca 196
La rosa de oro 210

EL SEÑOR

El Señor y los demás son Cuentos  Autor: Leopoldo Alas


Libro: La Regenta Autor: Leopoldo Alas

 La Regenta  Autor: Leopoldo Alas



La Regenta
por
Leopoldo Alas «Clarín»
Librería de Fernando Fé, Madrid
1900.
TOMO I
Prólogo
CAPÍTULOS: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV
TOMO II
CAPÍTULOS: XVI, XVII, XVIII, XIX, XX, XXI, XXII, XXIII, XXIV, XXV, XXVI, XXVII, XXVIII, XXIX, XXX
La Regenta
por
Leopoldo Alas «Clarín»
Librería de Fernando Fé, Madrid
1900.
TOMO I
Prólogo
CAPÍTULOS: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV
PASAR AL TOMO II
Prólogo
Creo que fue Wieland quien dijo que los pensamientos de los hombres valen más que sus acciones, y las buenas novelas más que el género humano. Podrá esto no ser verdad; pero es hermoso y consolador. Ciertamente, parece que nos ennoblecemos trasladándonos de este mundo al otro, de la realidad en que somos tan malos a la ficción en que valemos más que aquí, y véase por qué, cuando un cristiano el hábito de pasar fácilmente a mejor vida, inventando personas y tejiendo sucesos a imagen de los de por acá, le cuesta no poco trabajo volver a este mundo. También digo que si grata es la tarea de fabricar género humano recreándonos en ver cuánto superan las ideales figurillas, por toscas que sean, a las vivas figuronas que a nuestro lado bullen, el regocijo es más intenso cuando visitamos los talleres ajenos, pues el andar siempre en los propios trae un desasosiego que amengua los placeres de lo que llamaremos creación, por no tener mejor nombre que darle.

Esto que digo de visitar talleres ajenos no significa precisamente una labor crítica, que si así fuera yo aborrecía tales visitas en vez de amarlas; es recrearse en las obras ajenas sabiendo cómo se hacen o cómo se intenta su ejecución; es buscar y sorprender las dificultades vencidas, los aciertos fáciles o alcanzados con poderoso esfuerzo; es buscar y satisfacer uno de los pocos placeres que hay en la vida, la admiración, a más de placer, necesidad imperiosa en toda profesión u oficio, pues el admirar entendiendo que es la respiración del arte, y el que no admira corre el peligro de morir de asfixia.

El estado presente de nuestra cultura, incierto y un tanto enfermizo, con desalientos y suspicacias de enfermo de aprensión, nos impone la crítica afirmativa, consistente en hablar de lo creemos bueno, guardándonos el juicio desfavorable de los errores, desaciertos y tonterías. Se ha ejercido tanto la crítica negativa en todos los órdenes, que por ella quizás hemos llegado a la insana costumbre de creernos un pueblo de estériles, absolutamente inepto para todo. Tanta crítica pesimista, tan porfiado regateo, y en muchos casos negación de las cualidades de nuestros contemporáneos, nos han traído a un estado de temblor y ansiedad continuos; nadie se atreve a dar un paso, por miedo de caerse. Pensamos demasiado en nuestra debilidad y acabamos por padecerla; creemos que se nos va la cabeza, que nos duele el corazón y que se nos vicia la sangre, y de tanto decirlo y pensarlo nos vemos agobiados de crueles sufrimientos. Para convencernos de que son ilusorios, no sería malo suspender la crítica negativa, dedicándonos todos, aunque ello parezca extraño, a infundir ánimos al enfermo, diciéndole: «Tu debilidad no es más que pereza, y tu anemia proviene del sedentarismo. Levántate y anda, tu naturaleza es fuerte: el miedo la engaña, sugiriéndole la desconfianza de sí misma, la idea errónea de que para nada sirves ya, y de que vives muriendo». Convendría, pues, que los censores disciplentes se callarán por algún tiempo, dejando que alzasen la voz los que repartan el oxígeno, la alegría, la admiración, los que alientan todo esfuerzo útil, toda iniciativa fecunda, toda idea feliz, todo acierto artístico, o de cualquier orden que sea.

Estas apreciaciones de carácter general, sugeridas por una situación especialísima de la raza española, las aplico a las cosas literarias, pues en este terreno estamos más necesitados que en otro alguno de prevenirnos contra la terrible epidemia. Por mi parte, declaro que muchas veces no he cogido el aparato de aereación (a que impropiamente hemos venido dando el nombre de incensario) por tener las manos aferradas al telar con mayor esclavitud de la que yo quisiera. Pero a la primera ocasión de descanso, que felizmente coincide con una dichosa oportunidad, la publicación de este libro, salgo con mis alabanzas, gozoso de dárselas a un autor y a una obra que siempre fueron de los más señalados en mis preferencias. Así, cuando el editor de La Regenta me propuso escribir este prólogo, no esperé a que me lo dijera dos veces, creyéndome muy honrado con tal encomienda, pues no habiendo celebrado en letras de molde la primera salida de una novela que hondamente me cautivó, creía y creo deber mío celebrarla y enaltecerla como se merece, en esta tercera salida, a la que seguirán otras, sin duda, que la lleven a los extremos de la popularidad.

Hermoso es que las obras literarias vivan, que el gusto de leerlas, la estimación de sus cualidades, y aun las controversias ocasionadas por su asunto, no se concreten a los días más o menos largos de su aparición. Por desgracia nuestra, para que la obra poética o narrativa alcance una longevidad siquiera decorosa no basta que en sí tenga condiciones de salud y robustez; se necesita que a su buena complexión se una la perseverancia de autores o editores para no dejarla languidecer en obscuro rincón; que estos la saquen, la ventilen, la presenten, arriesgándose a luchar en cada nueva salida con la indiferencia de un público, no tan malo por escaso como por distraído. El público responde siempre, y cuando se le sale al encuentro con la paciencia y tranquilidad necesarias para esperar a las muchedumbres, estas llegan, pasan y recogen lo que se les da. No serían tan penosos los plantones aguardando el paso del público, si la Prensa diera calor y verdadera vitalidad circulante a las cosas literarias, en vez de limitarse a conceder a las obras un aprecio compasivo, y a prodigar sin ton ni son a los autores adjetivos de estampilla. Sin duda corresponde al presente estado social y político la culpa de que nuestra Prensa sea como es, y de que no pueda ser de otro modo mientras nuevos tiempos y estados mejores no le infundan la devoción del Arte. Debemos, pues, resignarnos al plantón, sentarnos todos en la parte del camino que nos parezca menos incómoda, para esperar a que pase la Prensa, despertadora de las muchedumbres en materias de arte; que al fin ella pasará; no dudemos que pasará: todo es cuestión de paciencia. En los tiempos que corren, esa preciosa virtud hace falta para muchas cosas de la vida artística; sin ella la obra literaria corre peligro de no nacer, o de arrastrar vida miserable después de un penoso nacimiento. Seamos pues pacientes, sufridos, tenaces en la esperanza, benévolos con nuestro tiempo y con la sociedad en que vivimos, persuadidos de que uno y otra no son tan malos como vulgarmente se cree y se dice, y de que no mejorarán por virtud de nuestras declamaciones, sino por inesperados impulsos que nazcan de su propio seno. Y como esto del público y sus perezas o estímulos, aunque pertinente al asunto de este prólogo, no es la principal materia de él, basta con lo dicho, y entremos en La Regenta, donde hay mucho que admirar, encanto de la imaginación por una parte, por otra recreo del pensamiento.

Escribió Alas su obra en tiempos no lejanos, cuando andábamos en aquella procesión del Naturalismo, marchando hacia el templo del arte con menos pompa retórica de la que antes se usaba, abandonadas las vestiduras caballerescas, y haciendo gala de la ropa usada en los actos comunes de la vida. A muchos imponía miedo el tal Naturalismo, creyéndolo portador de todas las fealdades sociales y humanas; en su mano veían un gran plumero con el cual se proponía limpiar el techo de ideales, que a los ojos de él eran como telarañas, y una escoba, con la cual había de barrer del suelo las virtudes, los sentimientos puros y el lenguaje decente. Creían que el Naturalismo substituía el Diccionario usual por otro formado con la recopilación prolija de cuanto dicen en sus momentos de furor los carreteros y verduleras, los chulos y golfos más desvergonzados. Las personas crédulas y sencillas no ganan para sustos en los días en que se hizo moda hablar de aquel sistema, como de una rara novedad y de un peligro para el arte. Luego se vio que no era peligro ni sistema, ni siquiera novedad, pues todo lo esencial del Naturalismo lo teníamos en casa desde tiempos remotos, y antiguos y modernos conocían ya la soberana ley de ajustar las ficciones del arte a la realidad de la naturaleza y del alma, representando cosas y personas, caracteres y lugares como Dios los ha hecho. Era tan sólo novedad la exaltación del principio, y un cierto desprecio de los resortes imaginativos y de la psicología espaciada y ensoñadora.

Fuera de esto el llamado Naturalismo nos era familiar a los españoles en el reino de la Novela, pues los maestros de este arte lo practicaron con toda la libertad del mundo, y de ellos tomaron enseñanza los noveladores ingleses y franceses. Nuestros contemporáneos ciertamente no lo habían olvidado cuando vieron traspasar la frontera el estandarte naturalista, que no significaba más que la repatriación de una vieja idea; en los días mismos de esta repatriación tan trompeteada, la pintura fiel de la vida era practicada en España por Pereda y otros, y lo había sido antes por los escritores de costumbres. Pero fuerza es reconocer del Naturalismo que acá volvía como una corriente circular parecida al gulf stream, traía más calor y menos delicadeza y gracia. El nuestro, la corriente inicial, encarnaba la realidad en el cuerpo y rostro de un humorismo que era quizás la forma más genial de nuestra raza. Al volver a casa la onda, venía radicalmente desfigurada: en el paso por Albión habíanle arrebatado la socarronería española, que fácilmente convirtieron en humour inglés las manos hábiles de Fielding, Dickens y Thackeray, y despojado de aquella característica elemental, el naturalismo cambió de fisonomía en manos francesas: lo que perdió en gracia y donosura, lo ganó en fuerza analítica y en extensión, aplicándose a estados psicológicos que no encajan fácilmente en la forma picaresca. Recibimos, pues, con mermas y adiciones (y no nos asustemos del símil comercial) la mercancía que habíamos exportado, y casi desconocíamos la sangre nuestra y el aliento del alma española que aquel ser literario conservaba después de las alteraciones ocasionadas por sus viajes. En resumidas cuentas: Francia, con su poder incontrastable, nos imponía una reforma de nuestra propia obra, sin saber que era nuestra; aceptámosla nosotros restaurando el Naturalismo y devolviéndole lo que le habían quitado, el humorismo, y empleando este en las formas narrativa y descriptiva conforme a la tradición cervantesca.

Cierto que nuestro esfuerzo para integrar el sistema no podía tener en Francia el eco que aquí tuvo la interpretación seca y descarnada de las purezas e impurezas del natural, porque Francia poderosa impone su ley en todas las artes; nosotros no somos nada en el mundo, y las voces que aquí damos, por mucho que quieran elevarse, no salen de la estrechez de esta pobre casa. Pero al fin, consolémonos de nuestro aislamiento en el rincón occidental, reconociendo en familia que nuestro arte de la naturalidad con su feliz concierto entre lo serio y lo cómico responde mejor que el francés a la verdad humana; que las crudezas descriptivas pierden toda repugnancia bajo la máscara burlesca empleada por Quevedo, y que los profundos estudios psicológicos pueden llegar a la mayor perfección con los granos de sal española que escritores como D. Juan Valera saben poner hasta en las más hondas disertaciones sobre cosa mística y ascética.

Para corroborar lo dicho, ningún ejemplo mejor que La Regenta, muestra feliz del Naturalismo restaurado, reintegrado en la calidad y ser de su origen, empresa para Clarín muy fácil y que hubo de realizar sin sentirlo, dejándose llevar de los impulsos primordiales de su grande ingenio. Influido intensamente por la irresistible fuerza de opinión literaria en favor de la sinceridad narrativa y descriptiva, admitió estas ideas con entusiasmo y las expuso disueltas en la inagotable vena de su graciosa picardía. Picaresca es en cierto modo La Regenta, lo que no excluye de ella la seriedad, en el fondo y en la forma, ni la descripción acertada de los más graves estados del alma humana. Y al propio tiempo, ¡qué feliz aleación de las bromas y las veras, fundidas juntas en el crisol de una lengua que no tiene semejante en la expresión equívoca ni en la gravedad socarrona! Hermosa es la verdad siempre; pero en el arte seduce y enamora más cuando entre sus distintas vestiduras poéticas escoge y usa con desenfado la de la gracia, que es sin duda la que mejor cortan españolas tijeras, la que tiene por riquísima tela nuestra lengua incomparable, y por costura y acomodamiento la prosa de los maestros del siglo de oro. Y de la enormísima cantidad de sal que Clarín ha derramado en las páginas de La Regenta da fe la tenacidad con que a ellas se agarran los lectores, sin cansancio en el largo camino desde el primero al último capítulo. De mí sé decir que pocas obras he leído en que el interés profundo, la verdad de los caracteres y la viveza del lenguaje me hayan hecho olvidar tanto como en esta las dimensiones, terminando la lectura con el desconsuelo de no tener por delante otra derivación de los mismos sucesos y nueva salida o reencarnación de los propios personajes.

Desarróllase la acción de La Regenta en la ciudad que bien podríamos llamar patria de su autor, aunque no nació en ella, pues en Vetusta tiene Clarín sus raíces atávicas y en Vetusta moran todos sus afectos, así los que están sepultados como los que risueños y alegres viven, brindando esperanzas; en Vetusta ha transcurrido la mayor parte de su existencia; allí se inició su vocación literaria; en aquella soledad melancólica y apacible aprendió lo mucho que sabe en cosas literarias y filosóficas: allí estuvieron sus maestros, allí están sus discípulos. Más que ciudad, es para él Vetusta una casa con calles, y el vecindario de la capital asturiana una grande y pintoresca familia de clases diferentes, de varios tipos sociales compuesta. ¡Si conocerá bien el pueblo! No pintaría mejor su prisión un artista encarcelado durante los años en que las impresiones son más vivas, ni un sedentario la estancia en que ha encerrado su persona y sus ideas en los años maduros. Calles y personas, rincones de la Catedral y del Casino, ambiente de pasiones o chismes, figures graves o ridículas pasan de la realidad a las manos del arte, y con exactitud pasmosa se reproducen en la mente del lector, que acaba por creerse vetustense, y ve proyectada su sombra sobre las piedras musgosas, entre las sombras de los transeúntes que andan por la Encimada, o al pie de la gallardísima torre de la Iglesia Mayor.

Comienza Clarín su obra con un cuadro de vida clerical, prodigio de verdad y gracia, sólo comparable a otro cuadro de vida de casino provinciano que más adelante se encuentra. Olor eclesiástico de viejos recintos sahumados por el incienso, cuchicheos de beatas, visos negros de sotanas raídas o elegantes, que de todo hay allí, llenan estas admirables páginas, en las cuales el narrador hace gala de una observación profunda y de los atrevimientos más felices. En medio del grupo presenta Clarín la figura culminante de su obra: el Magistral don Fermín de Pas, personalidad grande y compleja, tan humana por el lado de sus méritos físicos, como por el de sus flaquezas morales, que no son flojas, bloque arrancado de la realidad. De la misma cantera proceden el derrengado y malicioso Arcediano, a quien por mal nombre llaman Glocester, el Arcipreste don Cayetano Ripamilán, el beneficiado D. Custodio, y el propio Obispo de la diócesis, orador ardiente y asceta. Pronto vemos aparecer la donosa figura de D. Saturnino Bermúdez, al modo de transición zoológica (con perdón) entre el reino clerical y el laico, ser híbrido, cuya levita parece sotana, y cuya timidez embarazosa parece inocencia: tras él vienen las mundanas, descollando entre ellas la estampa primorosa de Obdulia Fandiño, tipo feliz de la beatería bullanguera, que acude a las iglesias con chillonas elegancias, descotada hasta en sus devociones, perturbadora del personal religioso. La vida de provincias, ofreciendo al coquetismo un campo muy restringido, permite que estas diablesas entretengan su liviandad y desplieguen sus dotes de seducción en el terreno eclesiástico, toleradas por el clero, que a toda costa quiere atraer gente, venga de donde viniere, y congregarla y nutrir bien los batallones, aunque sea forzoso admitir en ellos para hacer bulto lo peor de cada casa.

Por fin vemos a doña Ana Ozores, que da nombre a la novela, como esposa del ex-regente de la Audiencia D. Víctor Quintanar. Es dama de alto linaje, hermosa, de estas que llamamos distinguidas, nerviosilla, soñadora, con aspiraciones a un vago ideal afectivo, que no ha realizado en los años críticos. Su esposo le dobla la edad: no tienen hijos, y con esto se completa la pintura, en la cual pone Clarín todo su arte, su observación más perspicaz y su conocimiento de los escondrijos y revueltas del alma humana. Doña Ana Ozores tiene horror al vacío, cosa muy lógica, pues en cada ser se cumplen las eternas leyes de Naturaleza, y este vacío que siente crecer en su alma la lleva a un estado espiritual de inmenso peligro, manifestándose en ella una lucha tenebrosa con los obstáculos que le ofrecen los hechos sociales, consumados ya, abrumadores como una ley fatal. Engañada por la idealidad mística que no acierta a encerrar en sus verdaderos términos, es víctima al fin de su propia imaginación, de su sensibilidad no contenida, y se ve envuelta en horrorosa catástrofe.... Pero no intentaré describir en pocas palabras la sutil psicología de esta señora, tan interesante como desgraciada. En ella se personifican los desvaríos a que conduce el aburrimiento de la vida en una sociedad que no ha sabido vigorizar el espíritu de la mujer por medio de una educación fuerte, y la deja entregada a la ensoñación pietista, tan diferente de la verdadera piedad, y a los riesgos del frívolo trato elegante, en el cual los hombres, llenos de vicios, e incapaces de la vida seria y eficaz, estiman en las mujeres el formulismo religioso como un medio seguro de reblandecer sus voluntades.... Los que leyeron La Regenta cuando se publicó, léanla de nuevo ahora; los que la desconocen, hagan con ella conocimiento, y unos y otros verán que nunca ha tenido este libro atmósfera de oportunidad como la que al presente le da nuestro estado social, repetición de las luchas de antaño, traídas del campo de las creencias vigorosas al de las conciencias desmayadas y de las intenciones escondidas.

No referiré el asunto de la obra capital de Leopoldo Alas: el lector verá cómo se desarrolla el proceso psicológico y por qué caminos corre a su desenlace el problema de doña Ana de Ozores, el cual no es otro que discernir si debe perderse por lo clerical o por lo laico. El modo y estilo de esta perdición constituyen la obra, de un sutil parentesco simbólico con la historia de nuestra raza. Verá también el lector que Clarín, obligado en el asunto a escoger entre dos males, se decide por el mal seglar, que siempre es menos odioso que el mal eclesiástico, pues tratándose de dar la presa a uno de los dos diablos que se la disputan, natural es que sea postergado el que se vistió de sotana para sus audaces tentaciones, ultrajando con su vestimenta el sacro dogma y la dignidad sacerdotal. Dejando, pues, el asunto a la curiosidad y al interés de los lectores, sólo mencionaré los caracteres, que son el principal mérito de la obra, y lo que le da condición de duradera. La de Ozores nos lleva como por la mano a D. Álvaro de Mesía, acabado tipo de la corrupción que llamamos de buen tono, aristócrata de raza, que sabe serlo en la capital de una región histórica, como lo sería en Madrid o en cualquier metrópoli europea; hombre que posee el arte de hacer amable su conducta viciosa y aun su tiranía caciquil. ¡Con que admirable fineza de observación ha fundido Alas en este personaje las dos naturalezas: el cotorrón guapo de buena ropa y el jefe provinciano de uno de estos partidos circunstanciales que representan la vida presente, el poder fácil, sin ningún ideal ni miras elevadas! Ambas naturalezas se compenetran, formando la aleación más eficaz y práctica para grandes masas de distinguidos, que aparentan energía social y sólo son materia inerte que no sirve para nada.

De D. Álvaro, fácil es pasar a la gran figura del Magistral D. Fermín de Pas, de una complexión estética formidable, pues en ella se sintetizan el poder fisiológico de un temperamento nacido para las pasiones y la dura armazón del celibato, que entre planchas de acero comprime cuerpo y alma. D. Fermín es fuerte, y al mismo tiempo meloso; la teología que atesora en su espíritu acaba por resolvérsele en reservas mundanas y en transacciones con la realidad física y social. Si no fuera un abuso el descubrir y revelar simbolismos en toda obra de arte, diría que Fermín de Pas es más que un clérigo, es el estado eclesiástico con sus grandezas y sus desfallecimientos, el oro de la espiritualidad inmaculada cayendo entre las impurezas del barro de nuestro origen. Todas las divinidades formadas de tejas abajo acaban siempre por rendirse a la ley de la flaqueza, y lo único que a todos nos salva es la humildad de aspiraciones, el arte de poner límites discretos al camino de la imposible perfección, contentándonos con ser hombres en el menor grado posible de maldad, y dando por cerrado para siempre el ciclo de los santos. En medio de sus errores, Fermín de Pas despierta simpatía, como todo atleta a quien se ve luchando por sostener sobre sus espaldas un mundo de exorbitante y abrumadora pesadumbre. Hermosa es la pintura que Alas nos presenta de la juventud de su personaje, la tremenda lucha del coloso por la posición social, elegida erradamente en el terreno levítico, y con él hace gallarda pareja la vigorosa figura de su madre, modelada en arcilla grosera, con formas impresas a puñetazos. Las páginas en que esta mujer medio salvaje dirige a su cría por el camino de la posición con un cariño tan rudo como intenso y una voluntad feroz, son de las más bellas de la obra.

Completan el admirable cuadro de la humanidad vetustense el D. Víctor Quintanar, cumplido caballero con vislumbres calderonianas, y su compañero de empresas cinegéticas el graciosísimo Frígilis; los marqueses de Vegallana y su hijo, tipos de encantadora verdad; las pizpiretas señoras que componen el femenil rebaño eclesiástico; los canónigos y sacristanes y el prelado mismo, apóstol ingenuo y orador fogoso. No debemos olvidar a Carraspique ni a Barinaga, ni al graciosísimo ateo, ni a la turbamulta de figuras secundarias que dan la total impresión de la vida colectiva, heterogénea, con picantes matices y espléndida variedad de acentos y fisonomías. Bien quisiera no concretar el presente artículo al examen de La Regenta, extendiéndome a expresar lo que siento sobre la obra entera de Leopoldo Alas; pero esto sería trabajo superior a mis cortas facultades de crítico, y además rebasaría la medida que se me impone para esta limitada prefación. Escribo tan sólo un juicio formado en los días de la primera salida de la hermosa novela, y lo que intenté decir entonces, tributando al compañero y amigo el debido homenaje, lo digo ahora, seguro de que en esta manifestación tardía el tiempo avalora y aquilata mi sinceridad. Pero no entraré en el estudio integral del carácter literario de Clarín, como creador de obras tan bellas en distintos órdenes del arte y como infatigable luchador en el terreno crítico. Su obra es grande y rica, y el que esto escribe no acertaría a encerrarla en una clara síntesis, por mucho empeño que en ello pusiera. Otros lo harán con el método y serenidad convenientes cuando llegue la ocasión de ofrecer al ilustre hijo de Asturias la consagración solemne, oficial en cierto modo, de su extraordinario ingenio, consagración que cuanto más tardía será más justa y necesaria. Como un Armando Palacio, está la literatura oficial en apremiante deuda con Leopoldo Alas. Esperando la reparación, toda España y las regiones de América que son nuestras por la lengua y la literatura, le tienen por personalidad de inmenso relieve y valía en el grupo final del siglo que se fue y de este que ahora empezamos, grupo de hombres de estudio, de hombres de paciencia y de hombres de inspiración, por el cual tiende nuestra raza a sacudir su pesimismo, diciendo: «No son los tiempos tan malos ni el terruño tan estéril como afirman los de fuera y más aún los de dentro de casa. Quizás no demos todo el fruto conveniente; pero flores ya hay; y viéndolas y admirándolas, aunque el fruto no responda a nuestras esperanzas, obligados nos sentimos todos a conservar y cuidar el árbol».

B. Pérez Galdós Madrid, enero de 1901.

La Regenta  Autor: Leopoldo Alas


Doctor Sutilis Cuentos (short stories) Autor: Leopoldo Alas

 Doctor Sutilis Cuentos (short stories) Autor: Leopoldo Alas



NOTAS DEL TRANSCRIPTOR

En la versión de texto las palabras en itálicas están indicadas con _guiones bajos_.

La cubierta del libro fue agregada por el Transcriptor y ha sido puesta en el dominio público.

Ciertas reglas de acentuación ortográfica del castellano cuando la presente edición de esta obra fue publicada eran diferentes a las existentes cuando se realizó la transcripción. Palabras como vió, fué, dió, por ejemplo, en esa época llevaban acento ortográfico. Eso ha sido respetado.

El criterio utilizado para llevar a cabo esta transcripción ha sido el de respetar las reglas de la Real Academia Española vigentes en ese entonces. El lector interesado puede consultar el Mapa de Diccionarios Académicos de la Real Academia Española.

En la presente transcripción se adecuó la ortografía de las mayúsculas acentuadas a las reglas establecidas por la RAE. Según esa norma, las letras mayúsculas deben escribirse con tilde si les corresponde llevar tilde según las reglas de acentuación gráfica del castellano, tanto si se trata de palabras escritas en su totalidad con mayúsculas como si se trata únicamente de la mayúscula inicial.

Errores evidentes de impresión y de puntuación han sido corregidos.

El Índice de capítulos, incluido en la publicación original al final, ha sido trasladado al principio por el Transcriptor.

LEOPOLDO ALAS (CLARÍN)

OBRAS COMPLETAS

TOMO III

DOCTOR SUTILIS

RENACIMIENTO
MADRID

DOCTOR SUTILIS

LEOPOLDO ALAS
(CLARÍN)

OBRAS COMPLETAS
TOMO III

DOCTOR SUTILIS
(CUENTOS)

title-p-ilo
RENACIMIENTO

MADRID BUENOS AIRES
SAN MARCOS, 42 LIBERTAD, 172

1916

ES PROPIEDAD

Imprenta de Juan Pueyo.—Mesonero Romanos, 34.—MADRID


ÍNDICE

  Página
Doctor Sutilis 7
La mosca sabia 23
El doctor Pértinax 45
De la comisión 63
De burguesa á cortesana 81
El diablo en Semana Santa 89
Doctor Angelicus 103
Los señores de Casabierta 115
El poeta-buho 121
Don Ermeguncio ó la vocación 127
Novela realista 137
La perfecta casada 147
El filósofo y la «Vengadora» 153
Medalla de perro chico 167
Diálogo edificante 173
Un candidato 181
La contribución 187
El rana 201
Versos de un loco 211
Nuevo contrato 219
Feminismo 229
Manín de Pepa José 237
Álbum-abanico 257
Un repatriado 269
Doble vía 277
El viejo y la niña 287
Jorge 295
Sinfonía de dos novelas 305

Doctor Sutilis Cuentos (short stories) Autor: Leopoldo Alas


Publicidad

 
Acerca | Condiciones de Uso | Politica de Cookies | Politica de Privacidad

Produccion literaria, literatura y arte, periodismo literario, textos literarios cortos, el arte de leer, lectura comprensiva

Juan 3 16 Porque Dios amó tanto al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todos los que creen en él no perezcan, sino que tengan vida eterna.

voltar